LAS CÍCLADAS II. MILOS

Polonia
 Casi sin darnos cuenta nos habíamos fundido la mitad de los días en Santorini y a mi me apetecía un montón ir a Milos. Todo lo que había leído de la isla me llamaba la atención: Una isla alejada del circuito turístico, una costa expectacular llena de grutas, acantilados de colores, pueblitos blancos encantadores, playas de arena fina y blanca... en fin que Milos me llamaba.
En una de nuestras mini aventuras, al perder el bus de regreso a Fira en el puerto desde donde salen los Ferris aprovechamos para ver horarios y precios. Al ser temporada baja no salen tantos y a Milos solo salía uno de los rápidos el sábado a las cinco y media. Además por la distancia que le separa la tarifa salía por unos 40 euros creo recordar aunque solo tardaba un par de horas en llegar. A Marmota no le veía muy convencido...
 
Sarakiniko

Pero date aquí que el destino puso en nuestro camino al que había sido capitán del barco por la caldera ese día no solo para rescatarnos de la trampa mortal que es este puerto sin transporte público sino que además mientras nos subía en su coche a la parte alta del acantilado por donde sí pasaban los buses nos recomendaba encarecidamente que fuéramos a Milos. Para él la isla más linda de las Cícladas.
¡Ole y Ole! Disipadas las dudas sobre qué isla elegir (son unas 20...) ¡nos vamos de cabeza a Milos!

Milos está al oeste de Santorini. Es medianita y te viene bien alquilar un coche para tener libertad de movimientos. 
Llegamos de noche al puerto de Adamas, nos dirigimos a uno de los muchos hoteles que hay por la zona y alquilamos una habitación por esa noche, a nosotros los hoteles no nos van mucho... Hotel Eleni

Echando un vistazo al típico mapa turístico esa misma noche nos llamó la atención Polonia un pueblito apostado al noreste de la isla y que ya solo en el mapa sonaba bien. Así que llamamos a Andrea's rooms porque salía anunciado en el mapa y nos gustaba la ubicación que tenía y salimos con la habitación reservada por 40e y un coche por 20e.
Pues resultó que lo tenía todo, vistas expectaculares, la domatia preciosa, Andreas y su señora encantadores. (¡Cada mañana nos dejaban pan y fruta y verdura de su huerta en la puerta!) y para redondear el asunto, montó el último "boat trip" de la temporada con dos familiares suyos, una pareja de hippies alemanes y nosotros a Poliegos. (45 euritos por barba)

Klima

Para visitar:
Papafragas: Un trocito de costa en la que te puedes bañar rodeado por acantilados de conglomerado calizo, grutas y arcos brutales. Debido al único día reguleras que nos hizo y mi miedo al mar abierto, nos bañamos un poquillo pero no llegamos a las grutas.

Las Catacumbas te las puedes saltar, si no eres un amante de la historia... Pero desde allí sale un camino de tierra hacia Klima, que no te puedes perder. Aún nublado ese puerto de pescadores es una monada.

Paleochori: Una playa enmarcada en unos pequeños acantilados de paredes sulfurosas, llenas de cristales de azufre y de un montón de minerales más de montones de colores, verdes, rojos, naranjas, amarillos, rosas... y lodos humeantes. Una chulada para quien disfrute de la geología volcánica. Allí mismo hay un chiringuito que cocina un guiso típico al calor de la tierra volcánica. No lo probamos pero nos recordó mucho al cocido de Furnas en Azores.

Mandrakia
Mandrakia es como Klima pero menos cara al público, más recogido y encantador. Merece la pena ir a verlo. Además super cerca está Sarakiniko una zona de costa caliza erosionada por el mar y el viento de un blanco brutal. Las formas que hacen las rocas te llevan a imaginar otros mundos, es una verdadera maravilla pasearse por allí e incluso bañarse en esas aguas azul turquesa... Es parecido a Pammukale en Turquía o la Scala di Turqui en Sicilia. ¡Ojo con meteros en las galerías sin linterna! Nosotros nos dimos un buen susto...

Sarakiniko

Firiplaka, Achivadolimni y Papikinou playas como Dios manda, bien largas, de arena fina... y solitarias. Solo para nosotros. En este viaje hemos podido disfrutar mucho de eso. Verlo todo sin gente, la naturaleza y nosotros solamente. Una pasada.
En esta última hay un restaurante con tumbonas en la playa que no te puedes perder. Comes como un rey, es precioso, ¡¡y además a estas alturas de la temporada las tumbonas son gratis!!

Firiplaka

Sitios donde comer: Petronios en Zefyria, según entras al pueblo la primera a la derecha. Un restaurante moderno con comida tradicional muy bien puesta. El chiringuito restaurante de Papikinou. En Polonia al pie de la playa el primero según entras al paseo a la izda. El camarero es somelier orgulloso de serlo y muy amable. Nos montó allí delante con sumo cariño una pastita de huevas de pescado saladas con aceite de oliva para quitarse el sombrero.

Boat trip: Dicen las guías que es fundamental hacerse la costa en barquito y no lo dudo. Desde el mar las grutas y los acantilados deben ser una pasada. De lo que no hablan las guías tanto es de la visita a las costas de Poliegos.

Poliegos
Y nadie se lo debería perder. Es una isla vecina a Milos deshabitada, bueno la habitan cabras salvajes formada casi en su totalidad por montañas de caolín. Al irse erosionando con el mar y el viento han creado una costa llena de grutas, acantilados, peñascos sobre el mar con el blanco nuclear de fondo y cientos de vetas de colores del resto de minerales resaltando sobre él. Lilas, rosas y rojos, naranjas granates...
Andreas nos llevó a una calita muy bien llamada Paradise y montamos una barbacoa en la playa de verduras y carne para un regimiento. El pan tostado allí con aceite y orégano y esa pasta de tomates desecados al sol y salados que está para morirse...
¡Y focas! ¡Vimos focas!
Fue un día estupendo y Andreas y su hijo unos anfitriones maravillosos.
Paradise Beach
Nos despedimos de Andreas con los tres besos que se estampan los griegos, un par de postales del viaje en barco pintadas a mano y una estatuilla de la Venus de Milo que nos regaló.
Fueron 6 días estupendos que nunca olvidaremos.





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