GREDOS. MI GRAN MINIMUNDO.

Primer fin de semana de Junio. Yo ya no puedo más con esta lluvia interminable, ésta primavera que no lo parece y éste frío que no quiere largarse al Hemisferio Sur. Y como yo están mis compis montañeros, desesperaos porque las salidas que hemos hecho en primavera han sido todas pasadas por agua y así mola, porque mola siempre, pero no tanto.
Ésta es nuestra oportunidad. Nos juntamos cuatro desesperaos y decidimos subir a Gredos.
Sí y hacemos vivac ¿¿¿eeehhh??? Si sI SI siiii.
Yo tenía mis reticencias ante ese vivaqueo. Otras veces por estas fechas, allí arriba hay hielo y hace un frío que te pelas cuando cae el sol, pero...
¿quien se resiste a pasar la noche en lo alto de La Mira, ver ponerse el sol tras el macizo central y pensar en qué pequeños somos mientras las constelaciones del cielo de verano hacen de techo del Mundo? Yo no.

¡Ay! ¡Si Gredos hablara!! Pero Gredos guarda mis secretos a buen recaudo en Majalaescoba...

Y salimos el viernes. Llegamos a la finca de los tíos de Ana sobre las nueve. Nos recibieron con guiso de carne, sonrisas, besos, historias del revisor de la Renfe, y vino casero. Con lametones de perros, ronroneos de gatos y las camitas preparadas. Olé la hospitalidad.
Yo tan feliz
A las nueve y media estábamos en danza. Se cojía una pista forestal desde Candeleda hasta llegar a un refugio donde dejamos aparcada la furgo de Antonio. Después todo sería cuesta arriba por esta pista hacia el Puerto de Candeleda. La pista terminaba en un alto al pie de un chozo precioso, donde nos dimos un respiro y tomamos las primeras fotillos. El paisaje era brutal. Frente a nosotros la Canal Lóbrega y a la izquierda las agujas características de Gredos. Entre medias un monte que debíamos superar para pasar ya por fin a la parte sur del puerto de Candeleda y subir y subir hasta el collado.
Las agujas de Gredos.
Mil metros de desnivel. !Chupi! Abajo ponía que en tres horas y media estaba hecho, pero nosotros invertimos una más, creo para descansos, fotos, chascarrillos... Pero el monte está para disfrutarlo y saborearlo despacio, como el buen vino.
Llegamos al collado con más hambre que los pavos de Manolo. Pegaba el sol y el viento gélido. Había que protegerse del primero y resguardarse del segundo. Así lo hicimos mientras dábamos cuenta de las vituallas que se había currado Anita. Somos la caña: Félix la ruta y lectura profesional de mapa, Anita las delicatessen, el mimo al cuerpo, Antonio el transporte y yo el revuelto energético y la visión panorámica.  

Mientras comíamos veíamos el Refugio del Rey y el valle que baja hacia la Plataforma.

Un coleguita de Félix


















Esta vez cogeríamos la cuerda hacia la derecha, hacia La Mira, Los Galayos. Así que seguimos subiendo, aunque ahora más suavemente y con unas vistas aéreas espectaculares. En el mapa ponía que había un refugio derruido pasada La Mira y pensamos que sería buena idea intentar vivaquear al cobijo de una pared que nos quitara el viento. Imposible. La nieve había rellenado los espacios del ruinoso refugio. Allí no se podía dormir. Pero mereció la pena pasar La Mira y subir hasta aquél collado, pues todo era nieve y roca y arroyos del deshielo y el sol del atardecer iluminándolo y el azul limpio del cielo sin una nube... Precioso.
El Almanzor a Nuestra espalda

Subiendo a la Mira











Volvimos sobre nuestro pasos y un poco más abajo de donde estábamos se veía un corralito de piedras junto a una roca enorme lisa. Allí cenamos. Vinito, banderillas y buen embutido. ¡¡Ole y olé la Anita!!
Antonio reconstruyó la pared y en cuanto bajó el Sol a los sacos. ¡Qué fresquito! Y qué Paz, y qué Gloria dormir aquí. No lo cambiaría ni por el Palacio más hermoso. Te sientes parte del Universo, sin responsabilidad ninguna sobre nada ni nadie. Libre para desear y pensar lo que quieras. 

 Arropado, protegida. ¡Me siento tan segura durmiendo en la montaña!

A las seis amaneció. A las siete y media estábamos subiendo hacia la torre de piedra de La Mira. A la izquierda Los Galayos y a la derecha la Canal Lóbrega. Nuestro camino de regreso.
Siempre te dan los buenos días
Ayer habíamos visto los hitos que marcaban la portilla por donde asomarse a la Canal, así que empezamos a bajar. Suponíamos que en cinco horitas estaríamos en el coche. Es más ¡el tío de Ana nos iba a hacer morro para el aperitivo!
¡Veníamos de allí arriba y acabábamos de empezar!
La bajada fue a atajabancal, a cholón, ni senda ni camino, ni ná de ná. Gracias a las vereditas de las cabras llegamos abajo. Algún hito despistao de algún montañero de buen corazón y poco más. ¡Aquella bajada no tenía fin joder! Y la aventura acababa de empezar.
El mapa señalaba una senda a la derecha del río de la Canal, pero debía ser una senda en desuso porque solo encontrábamos rastros de ella y nos guiábamos más por intuición que por otra cosa. Yo me lo estaba pasando en grande. ¡¡Esto mola!! Pero dieron las tres de la tarde y las energías empezaban a decaer. Invertíamos demasiado tiempo en buscar hitos, senda, saltar de un lado al otro del río y avanzábamos muy poco. Y esta Canal era laaaarga larga. Después de comer pareció que mejoraba la cosa, pillamos la senda pero al poco la perdimos y tuvimos que saltar de nuevo al otro lado del río.
¡Desde allí mismo intuíamos nuestro camino en la pared de enfrente cincuenta metros por encima de nuestras cabezas!
¿Qué hacer...?
¡A trepar! !
¡Toma y toma!
Agarrándonos a las matas, con los peñascos del arroyo a nuestra espalda subimos la pared. ¡Ja! ¡Ya está! Y a nada, de nuevo nuestra sendita. Esta vez no nos permitimos perderla, y aunque ella desaparecía una y otra vez era como si hubiéramos aprendido las reglas de su juego y ya no consiguió despistarnos hasta que llegamos a la pista que nos encaminaría a la furgo. Eran las seis cuando llegamos al pueblo.
Palizón. Cerveza con limón, botellines y tónicas. La Gloria.

De nuevo la montaña me da lo que más me gusta. Emoción, belleza, comunión con la Naturaleza, reto a los cinco sentidos y a la mente.

Llevo dos días con unas agujetas del copón. No puedo bajar las escaleras de mi casa. ¡Y es un cuarto sin ascensor! Y qué riquitas me saben...


¡Ay Gredos de mi corazón!


¡Misión cumplida!

No hay comentarios:

Publicar un comentario